Hoy por fin terminaba mi último examen (hasta septiembre). ¿El resultado? Esperemos que no demasiado malo.
La sensación volviendo a casa en la bicleta era más o menos esto:
lunes 6 de julio de 2009
miércoles 1 de julio de 2009
Ha escogido la mejor parte
María (supongamos que se llama así) sabe bien lo que quiere: la voluntad del Señor. Es un alma enamorada, y sabe lo que su Señor quiere de ella. Este verano ingresará en el convento de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote.
Cuando nos reunió para decírnoslo y despedirse no nos sorprendimos. Era ya un secreto a voces en nuestro círculo y eran muy pocos los que no lo sabían. Y cuando nos enteramos tampoco nos sorprendió, estas cosas se van viendo venir. Cuando un alma rebosa Gracia de Dios, los que estamos alrededor lo notamos.
No hubo mucha sorpresa, pero teníamos la cara iluminada de alegría, y las mejillas doloridas de sonreir. Nos tomamos unos refrescos (¡sólo 2 cocacolas de 9, récord!) y unas tapas, y estuvimos lo poco que quedaba de esa tarde de época de exámenes charlando, tratando los temas más banales y los planes de futuro más vagos en esa terraza donde alguna vez por poco cambiamos el mundo. No parecía una despedida. Mejor, debe ser así como nos recordemos hasta que nos volvamos a ver.
La última foto no parecía la última foto. La última cocacola, la última mirada, el último abrazo no parecían los últimos. No fue una tarde para la melancolía. No era una despedida. No se estaba muriendo. No íbamos a verla por última vez en la vida.
No fue hasta que estaba pedaleando a toda velocidad de vuelta a casa cuando sentí ese abrazo que antes me había sabido a insuficiente como el abrazo más sincero. No se va lejos, se va cerca, a seguir rezando por nosotros más que nunca. Si la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, entonces seguimos estando unidos. Ella ha ido a ocupar su puesto: si nosotros somos los brazos, las piernas, las manos o los hombros, ellas son el corazón.
¡Late, María, y no desfallezcas en tu misión!
Cuando nos reunió para decírnoslo y despedirse no nos sorprendimos. Era ya un secreto a voces en nuestro círculo y eran muy pocos los que no lo sabían. Y cuando nos enteramos tampoco nos sorprendió, estas cosas se van viendo venir. Cuando un alma rebosa Gracia de Dios, los que estamos alrededor lo notamos.
No hubo mucha sorpresa, pero teníamos la cara iluminada de alegría, y las mejillas doloridas de sonreir. Nos tomamos unos refrescos (¡sólo 2 cocacolas de 9, récord!) y unas tapas, y estuvimos lo poco que quedaba de esa tarde de época de exámenes charlando, tratando los temas más banales y los planes de futuro más vagos en esa terraza donde alguna vez por poco cambiamos el mundo. No parecía una despedida. Mejor, debe ser así como nos recordemos hasta que nos volvamos a ver.
La última foto no parecía la última foto. La última cocacola, la última mirada, el último abrazo no parecían los últimos. No fue una tarde para la melancolía. No era una despedida. No se estaba muriendo. No íbamos a verla por última vez en la vida.
No fue hasta que estaba pedaleando a toda velocidad de vuelta a casa cuando sentí ese abrazo que antes me había sabido a insuficiente como el abrazo más sincero. No se va lejos, se va cerca, a seguir rezando por nosotros más que nunca. Si la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, entonces seguimos estando unidos. Ella ha ido a ocupar su puesto: si nosotros somos los brazos, las piernas, las manos o los hombros, ellas son el corazón.
¡Late, María, y no desfallezcas en tu misión!
miércoles 27 de mayo de 2009
A la comba
Esta mañana estaba en el recreo con mis amigos. En el preciso instante en que sonó la campana, cogimos el balón del armario de material, abrimos la puerta a todo correr, atravesamos el pasillo como un relámpago, y cuando toda la horda estaba saliendo al patio nosotros ya habíamos empezado a repartir los equipos. Prometía ser un partido colosal: Jorge, el que mejor jugaba sin duda, acababa de volver a clase después de una semana en casa con gripe, el Antonio se había comprado unos guantes de portero y los había traído, y en el campo de albero había salido un poco de hierba, así que parecía un campo de fútbol de verdad.
Cuando terminamos de juntarnos éramos alrededor de 20 contra 20. El balón se puso en juego y los 40 (excepto los porteros) nos pusimos a correr detrás de él, regateando, levantando el polvo, cayéndonos al suelo... Me la pasaron: yo estaba a pocos metros de la portería, iba a chutar y entonces,
- ¡Piiiiiiiiiiii!
El silbato de la Tere cortó el aire. Fallé el tiro. La Tere es la seño de 3ºA. Yo estoy en 4ºA, así que la tuve el año pasado. Es la seño más mala del cole. Tiene la cara llena de arrugas, nariz aguileña, gafas chiquiturras, el pelo blanco y corto, pegado, como un niño. Se viste como mi hermana Lucía, que va a la Universidad, pero es una vieja pelleja. Mi hermana no, la Tere. Y cuando pinta en la pizarra, al mover los brazos, una pella le cuelga del brazo, oscilando como un péndulo. Es asqueroso.
La Tere cogió el balón del suelo, y le pedimos que nos lo devolviera. En un tono vomitivamente meloso, ella dijo:
- A ver, niños -cómo odio que nos trate como mongolitos-, ¿no os cansais de jugar al fútbol?
- NOOOOO
- Pues no está bien que os paseis todos los recreos del curso jugando al mismo juego.
- QUEREMOS JUGAR
- IBA A METER UN GOL -dije yo.
- ¿Por qué no dejais que las niñas jueguen al fútbol, y vais vosotros a jugar al elástico, a la comba, a la rayuela...?
- JAJAJAJAJAJA
- ¿Qué pasa, que son juegos de niña y el fútbol sólo es para niños?
Inés, que siempre juega con nosotros, y a demás es de las más difíciles de regatear, se quedó con la misma cara rara que nosotros.
- Inés juega con nosotros y es una niña. Pero es que excepto ella, las niñas no saben jugar al fútbol. Ellas juegan al elástico.
- ¿Y vosotros no sabeis jugar al elástico?
- ¡Claro que sí, eso está chupao! Pero es que es un juego de niñas, ¡no queremos!
Las niñas estaban todas juntas al fondo del campo de fútbol. No cuchicheaban. Estaban raras. Tanpoco estaban jugando al elástico, ni a la comba, ni a la rayuela, ni a las cocinitas. Sus elásticos y sus combas estaban en el suelo, junto a la portería. Miraban a la Tere con miedo.
Al cabo de 5 minutos, las niñas estaban jugando torpemente al fútbol, sin tener pinta de estarse divirtiendo. Sólo corrían 5: las otras se estaban juntas cuchicheando. Y nosotros... en cuanto la Tere se dio la vuelta, nos pusimos a pegarnos con las combas y los elásticos. Fue una batalla espectacular.
Hoy nos ganamos una buena bronca. Nos dijeron que íbamos a ser toda nuestra vida unos "machistas" o algo de eso. Dice mi madre que los machistas son los que se creen que son mejores que las mujeres, y que yo no soy un machista.
De todas formas, las niñas son tontas.
Cuando terminamos de juntarnos éramos alrededor de 20 contra 20. El balón se puso en juego y los 40 (excepto los porteros) nos pusimos a correr detrás de él, regateando, levantando el polvo, cayéndonos al suelo... Me la pasaron: yo estaba a pocos metros de la portería, iba a chutar y entonces,
- ¡Piiiiiiiiiiii!
El silbato de la Tere cortó el aire. Fallé el tiro. La Tere es la seño de 3ºA. Yo estoy en 4ºA, así que la tuve el año pasado. Es la seño más mala del cole. Tiene la cara llena de arrugas, nariz aguileña, gafas chiquiturras, el pelo blanco y corto, pegado, como un niño. Se viste como mi hermana Lucía, que va a la Universidad, pero es una vieja pelleja. Mi hermana no, la Tere. Y cuando pinta en la pizarra, al mover los brazos, una pella le cuelga del brazo, oscilando como un péndulo. Es asqueroso.
La Tere cogió el balón del suelo, y le pedimos que nos lo devolviera. En un tono vomitivamente meloso, ella dijo:
- A ver, niños -cómo odio que nos trate como mongolitos-, ¿no os cansais de jugar al fútbol?
- NOOOOO
- Pues no está bien que os paseis todos los recreos del curso jugando al mismo juego.
- QUEREMOS JUGAR
- IBA A METER UN GOL -dije yo.
- ¿Por qué no dejais que las niñas jueguen al fútbol, y vais vosotros a jugar al elástico, a la comba, a la rayuela...?
- JAJAJAJAJAJA
- ¿Qué pasa, que son juegos de niña y el fútbol sólo es para niños?
Inés, que siempre juega con nosotros, y a demás es de las más difíciles de regatear, se quedó con la misma cara rara que nosotros.
- Inés juega con nosotros y es una niña. Pero es que excepto ella, las niñas no saben jugar al fútbol. Ellas juegan al elástico.
- ¿Y vosotros no sabeis jugar al elástico?
- ¡Claro que sí, eso está chupao! Pero es que es un juego de niñas, ¡no queremos!
Las niñas estaban todas juntas al fondo del campo de fútbol. No cuchicheaban. Estaban raras. Tanpoco estaban jugando al elástico, ni a la comba, ni a la rayuela, ni a las cocinitas. Sus elásticos y sus combas estaban en el suelo, junto a la portería. Miraban a la Tere con miedo.
Al cabo de 5 minutos, las niñas estaban jugando torpemente al fútbol, sin tener pinta de estarse divirtiendo. Sólo corrían 5: las otras se estaban juntas cuchicheando. Y nosotros... en cuanto la Tere se dio la vuelta, nos pusimos a pegarnos con las combas y los elásticos. Fue una batalla espectacular.
Hoy nos ganamos una buena bronca. Nos dijeron que íbamos a ser toda nuestra vida unos "machistas" o algo de eso. Dice mi madre que los machistas son los que se creen que son mejores que las mujeres, y que yo no soy un machista.
De todas formas, las niñas son tontas.
martes 19 de mayo de 2009
Miniverdad
La perla del mes:
En el matinal de la cadena SER, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha respondido así a un oyente que le preguntó si cree que un feto de trece semanas, que a él se le asemeja mucho a un bebé, es un ser vivo: "Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica", ha dicho la ministra.
Ole.
Permitidme que rebata en unas breves líneas lo que está diciendo la ministra, intentando comprender lo que dice. Es un ser vivo, correcto. Estamos de acuerdo en algo. Es de la especie humana. Es hijo de un humano y de una humana, así que por regla general creo que podemos permitirnos la licencia de llegar a pensar que se trata de un ser de la especie humana. Avancemos un tercer paso: si es un ser vivo de la especie humana, sin duda se trata de...
- ¡Un ser humano!
Callad parvulitos, que estoy hablando con la ministra. En efecto, es evidente desde todos los puntos de vista, conociendo estos datos científicos, que un feto de 13 semanas es un ser humano. Sí hay bases científicas, señora ministra. Y disculpe si mi tono ha sido grosero, pero no es fácil mantener la calma mientras se ríen en la cara de uno con semejantes mentiras. Porque usted conoce perfectamente la realidad, y si no es el caso, el hecho de que sea usted ministra en España es aún más insultante.
Lo que no es un concepto científico y por tanto no se basa en enunciados científicos es el concepto de dignidad. Es un concepto moral que no puede ser definido científicamente. Los cristianos creemos en la dignidad del ser humano, una dignidad que usted no conseguiría imaginar (ni nosotros), pero no somos los únicos. De hecho, la declaración de los Derechos Humanos y en definitiva todos los códigos legales civilizados se basan en el reconocimiento de la dignidad del ser humano.
No puedo estar más indignado con un Gobierno que decide quién es humano y quién no lo es, que desampara a las madres necesitadas, especialmente a las menores de edad. Tampoco quepo en mi indignación con una Oposición que, ahora que tiene que hacer la oposición más firme de su historia para evitar el genocidio, está planteando los argumentos más débiles con objeto de ganar más votos del centro o de la izquierda. ¡Se merecen que en las siguientes elecciones no caiga ni una papeleta con sus siglas en la urna!
Hace entre 60 y 70 años unos estudiantes de la Universidad de Múnich publicaron esto:
"Con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente, porque es anti-intelectual. Es erróneo hablar de la ideología nacionalsocialista, pues si esta existiera, habría que intentar demostrarla o combatirla con medios intelectuales. Pero la realidad nos muestra una imagen distinta: ya desde su primer germen, ese movimiento se construía sobre el fraude, ya desde entonces presentaba descomposición en su interior y sólo se podía salvar mediante la mentira continua. El mismo Hitler, en una edición temprana de su libro (un libro escrito en el peor alemán que jamás he leído; y sin embargo ha sido elevado al carácter de Biblia por el pueblo de los escritores y pensadores): "Es increíble cómo hay que engañar a un pueblo para gobernarlo". "
¿Cuándo se levantarán los españoles contra los mentirosos que matan a sus hijos prometiéndoles que no son más que desechos orgánicos? ¿Cuánto pasará hasta que la verdad triunfe sobre la mentira? ¿Cuántas vidas de inocentes deben consumirse antes de que el pueblo español despierte?
En el matinal de la cadena SER, la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha respondido así a un oyente que le preguntó si cree que un feto de trece semanas, que a él se le asemeja mucho a un bebé, es un ser vivo: "Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica", ha dicho la ministra.
Ole.
Permitidme que rebata en unas breves líneas lo que está diciendo la ministra, intentando comprender lo que dice. Es un ser vivo, correcto. Estamos de acuerdo en algo. Es de la especie humana. Es hijo de un humano y de una humana, así que por regla general creo que podemos permitirnos la licencia de llegar a pensar que se trata de un ser de la especie humana. Avancemos un tercer paso: si es un ser vivo de la especie humana, sin duda se trata de...
- ¡Un ser humano!
Callad parvulitos, que estoy hablando con la ministra. En efecto, es evidente desde todos los puntos de vista, conociendo estos datos científicos, que un feto de 13 semanas es un ser humano. Sí hay bases científicas, señora ministra. Y disculpe si mi tono ha sido grosero, pero no es fácil mantener la calma mientras se ríen en la cara de uno con semejantes mentiras. Porque usted conoce perfectamente la realidad, y si no es el caso, el hecho de que sea usted ministra en España es aún más insultante.
Lo que no es un concepto científico y por tanto no se basa en enunciados científicos es el concepto de dignidad. Es un concepto moral que no puede ser definido científicamente. Los cristianos creemos en la dignidad del ser humano, una dignidad que usted no conseguiría imaginar (ni nosotros), pero no somos los únicos. De hecho, la declaración de los Derechos Humanos y en definitiva todos los códigos legales civilizados se basan en el reconocimiento de la dignidad del ser humano.
No puedo estar más indignado con un Gobierno que decide quién es humano y quién no lo es, que desampara a las madres necesitadas, especialmente a las menores de edad. Tampoco quepo en mi indignación con una Oposición que, ahora que tiene que hacer la oposición más firme de su historia para evitar el genocidio, está planteando los argumentos más débiles con objeto de ganar más votos del centro o de la izquierda. ¡Se merecen que en las siguientes elecciones no caiga ni una papeleta con sus siglas en la urna!
Hace entre 60 y 70 años unos estudiantes de la Universidad de Múnich publicaron esto:
"Con el nacionalsocialismo no se puede debatir intelectualmente, porque es anti-intelectual. Es erróneo hablar de la ideología nacionalsocialista, pues si esta existiera, habría que intentar demostrarla o combatirla con medios intelectuales. Pero la realidad nos muestra una imagen distinta: ya desde su primer germen, ese movimiento se construía sobre el fraude, ya desde entonces presentaba descomposición en su interior y sólo se podía salvar mediante la mentira continua. El mismo Hitler, en una edición temprana de su libro (un libro escrito en el peor alemán que jamás he leído; y sin embargo ha sido elevado al carácter de Biblia por el pueblo de los escritores y pensadores): "Es increíble cómo hay que engañar a un pueblo para gobernarlo". "
¿Cuándo se levantarán los españoles contra los mentirosos que matan a sus hijos prometiéndoles que no son más que desechos orgánicos? ¿Cuánto pasará hasta que la verdad triunfe sobre la mentira? ¿Cuántas vidas de inocentes deben consumirse antes de que el pueblo español despierte?
sábado 2 de mayo de 2009
Mayo
Porque es Mayo.
Porque nunca está de más recordarlo.
Porque siempre vuelvo a caer.
Porque siempre es un buen momento para volver a empezar.
Porque siempre está ahí cuando la nacesitas.
Porque es la Madre de Dios.
Porque es mi Madre.
Porque nunca está de más recordarlo.
Porque siempre vuelvo a caer.
Porque siempre es un buen momento para volver a empezar.
Porque siempre está ahí cuando la nacesitas.
Porque es la Madre de Dios.
Porque es mi Madre.
miércoles 22 de abril de 2009
Tiempo
- ¡Hey, Juanan! Hace tiempo que no escribes nada en el blog.
- Si... es que no saco nada de tiempo, y cuando saco un ratillo, no se me ocurre nada que escribir. Gracias por interesarte.
Quien sea o haya sido alguna vez estudiante universitario sabe que tenemos mucha carga de trabajo, y más si ha estudiado Arquitectura. Y si además colabora con la Iglesia como monitor y voluntario, me entiende perfectamente. A todo eso hay que sumarle los miles de afanes que nos van surgiendo cada día, que se presentan como urgentes...
Cada hora tiene 3.600 segundos, y cada día tiene 24 horas, que son 86.400 segundos. Podemos distribuir esos segundos como queramos, dárselos a quien queramos, invertirlos o contemplarlos, despilfarrarlos o ahorrarlos apurando hasta el último segundo. Michael Ende tiene un libro precioso, Momo, en el cual había unos señores grises que te convencían para que depositaras tu tiempo en una cuenta de su banco, y tu vida se volvía gris porque te quedabas sin tiempo.
En una de esas bellísimas imágenes que Michael Ende se saca de la chistera y te deja con la boca abierta, Momo se encuentra dentro de su propio corazón, donde hay una flor de un color extraordinario que nace, se desarrolla, se abre en todo su esplendor y se marchita, y de ella vuelve a salir otra flor con un color nuevo y más hermosa que la anterior, y vuelve a abrirse y a morir, y así infinidad de veces, con colores siempre nuevos y siempre más hermosas que las anteriores. Y de esas flores salía una luz clara, que no sólo se podía ver sino que se podía oír. Parecía un murmullo, pero cada vez se distinguían mejor voces que hablaban, que le hablaban a ella en un idioma que no conocía pero que entendía perfectamente.

Cada flor que nacía en el corazón de Momo era un instante. Y esto no lo dice el libro, pero esa flor se puede dar, lo mismo que se puede ingresar en un banco. La des o no, se marchita al poco de nacer. Por eso la caja fuerte de los hombres grises estaba llena de pétalos de flores grises y marchitas. Por eso cuando damos a algo o a alguien algo de nuestro tiempo, le estamos dedicando algo de nuestro corazón.
Hoy, cuando llegaba de clase, un niño de apenas 2 ó 3 años apareció corriendo en frente de mi portal y me miró. Hice como que me escondía detrás del muro, rápidamente, y en seguida se puso a reirse dando saltos. Me descubrió, así que saqué las llaves a toda prisa, abrí la puerta y me metí en el portal. Los niños tienen todo el tiempo del mundo y lo van regalando a quien se cruza. Los que abandonamos el País de Nunca Jamás y nos hacemos mayores empezamos a tener obligaciones, y antes de darnos cuenta, de los 86.400 segudos del día la mayoría nos los han robado esas obligaciones.
- ...y cuando saco un ratillo, no se me ocurre nada que escribir.
No es sólo cuestión de tiempo. Es cuestión de cabeza y de corazón. No se puede estar en todo a la vez. Cuando recapacitas y compruebas que estás todo el día pensando en lo que tienes que hacer, recuerdas que al fin y al cabo, un verano que fue el verano más largo de tu vida te matriculaste ilusionado en la Universidad, y que elegiste libremente la carrera que estás haciendo. Yo estudio Arquitectura porque quiero, porque me gusta, lo he decidido libremente. Muchas de las cosas a las que llamamos obligaciones, son en realidad decisiones nuestras con las que nos cuesta mucho esfuerzo ser coherentes. Y muchas de las cosas que creemos que hacemos porque nos apetece, son en realidad obligaciones que de algún modo u otro nos vienen impuestas, por otras personas o por nuestros vicios.
Examinar el libro de cuentas de nuestro corazón, poniéndole caras a las personas y a las actividades a las que más tiempo dedicamos y a las que menos, y sobre todo con qué constancia, puntualidad e interés, se averigua de forma muy indicativa cuál es el estado de nuestro corazón. Lo mejor de todo es que siempre tenemos la oportunidad de decidir si queremos reconducir la situación. Es posible darle la vuelta a nuestro libro de cuentas y ajustarlo a aquello que decidimos que es lo que queremos de verdad.
Se nos han regalado 86.400 segundos al día, para que libremente hagamos con ellos lo más correcto.
- Si... es que no saco nada de tiempo, y cuando saco un ratillo, no se me ocurre nada que escribir. Gracias por interesarte.
Quien sea o haya sido alguna vez estudiante universitario sabe que tenemos mucha carga de trabajo, y más si ha estudiado Arquitectura. Y si además colabora con la Iglesia como monitor y voluntario, me entiende perfectamente. A todo eso hay que sumarle los miles de afanes que nos van surgiendo cada día, que se presentan como urgentes...
Cada hora tiene 3.600 segundos, y cada día tiene 24 horas, que son 86.400 segundos. Podemos distribuir esos segundos como queramos, dárselos a quien queramos, invertirlos o contemplarlos, despilfarrarlos o ahorrarlos apurando hasta el último segundo. Michael Ende tiene un libro precioso, Momo, en el cual había unos señores grises que te convencían para que depositaras tu tiempo en una cuenta de su banco, y tu vida se volvía gris porque te quedabas sin tiempo.
En una de esas bellísimas imágenes que Michael Ende se saca de la chistera y te deja con la boca abierta, Momo se encuentra dentro de su propio corazón, donde hay una flor de un color extraordinario que nace, se desarrolla, se abre en todo su esplendor y se marchita, y de ella vuelve a salir otra flor con un color nuevo y más hermosa que la anterior, y vuelve a abrirse y a morir, y así infinidad de veces, con colores siempre nuevos y siempre más hermosas que las anteriores. Y de esas flores salía una luz clara, que no sólo se podía ver sino que se podía oír. Parecía un murmullo, pero cada vez se distinguían mejor voces que hablaban, que le hablaban a ella en un idioma que no conocía pero que entendía perfectamente.

Cada flor que nacía en el corazón de Momo era un instante. Y esto no lo dice el libro, pero esa flor se puede dar, lo mismo que se puede ingresar en un banco. La des o no, se marchita al poco de nacer. Por eso la caja fuerte de los hombres grises estaba llena de pétalos de flores grises y marchitas. Por eso cuando damos a algo o a alguien algo de nuestro tiempo, le estamos dedicando algo de nuestro corazón.
Hoy, cuando llegaba de clase, un niño de apenas 2 ó 3 años apareció corriendo en frente de mi portal y me miró. Hice como que me escondía detrás del muro, rápidamente, y en seguida se puso a reirse dando saltos. Me descubrió, así que saqué las llaves a toda prisa, abrí la puerta y me metí en el portal. Los niños tienen todo el tiempo del mundo y lo van regalando a quien se cruza. Los que abandonamos el País de Nunca Jamás y nos hacemos mayores empezamos a tener obligaciones, y antes de darnos cuenta, de los 86.400 segudos del día la mayoría nos los han robado esas obligaciones.
- ...y cuando saco un ratillo, no se me ocurre nada que escribir.
No es sólo cuestión de tiempo. Es cuestión de cabeza y de corazón. No se puede estar en todo a la vez. Cuando recapacitas y compruebas que estás todo el día pensando en lo que tienes que hacer, recuerdas que al fin y al cabo, un verano que fue el verano más largo de tu vida te matriculaste ilusionado en la Universidad, y que elegiste libremente la carrera que estás haciendo. Yo estudio Arquitectura porque quiero, porque me gusta, lo he decidido libremente. Muchas de las cosas a las que llamamos obligaciones, son en realidad decisiones nuestras con las que nos cuesta mucho esfuerzo ser coherentes. Y muchas de las cosas que creemos que hacemos porque nos apetece, son en realidad obligaciones que de algún modo u otro nos vienen impuestas, por otras personas o por nuestros vicios.
Examinar el libro de cuentas de nuestro corazón, poniéndole caras a las personas y a las actividades a las que más tiempo dedicamos y a las que menos, y sobre todo con qué constancia, puntualidad e interés, se averigua de forma muy indicativa cuál es el estado de nuestro corazón. Lo mejor de todo es que siempre tenemos la oportunidad de decidir si queremos reconducir la situación. Es posible darle la vuelta a nuestro libro de cuentas y ajustarlo a aquello que decidimos que es lo que queremos de verdad.
Se nos han regalado 86.400 segundos al día, para que libremente hagamos con ellos lo más correcto.
domingo 12 de abril de 2009
¡Aleluya!
¡Feliz Pascua de Resurrección, aleluya!
Alegrémonos todos: hoy es el día en que Cristo ha resucitado. Ha vencido a la muerte y al pecado, y nos ha redimido. ¡Alegrémonos!
Sin embargo hay algo que no entiendo. Hoy, cuando he llegado de celebrar la vigilia, he cenado un par de perritos calientes. Sin embargo, en Navidad nos arreglamos para cenar, sacamos el mantel bueno y la vajilla buena, preparamos una cena lujosa... ¿por qué no hacemos una fiesta comparable? ¡Que corra el vino! Y que sea del bueno. Y la cena, suntuosa. Yo me pido un buen chuletón de ternera de dos dedos de grosor, en su punto, rosado, jugoso, que se agua en la bocaaghghhgh...
- La alegría es algo que se lleva por dentro.
Pero no me seas cateto. No se enciende una lámpara para esconderla, sino para ponerla en medio de la habitación y que alumbre. Hoy la liturgia hace un rito que me encanta, el de las luces. Se enciende el Cirio Pascual (¡ha resucitado!), y el pueblo va encendiendo sus velitas de la llama del cirio, y se la van comunicando unos a otros. En unos instantes, el fuego se ha propagado por toda la iglesia. En Tierra Santa, nada más encender el cirio, los fieles se vuelven locos, encienden su llama y salen corriendo a propagarla.
Este lunes, cuando volvamos cada uno a la normalidad, ¡salgamos también corriendo a pegarle fuego al mundo! ¡Que sean nuestros corazones antorchas vivas que propagen la luz del Resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya!
Alegrémonos todos: hoy es el día en que Cristo ha resucitado. Ha vencido a la muerte y al pecado, y nos ha redimido. ¡Alegrémonos!
Sin embargo hay algo que no entiendo. Hoy, cuando he llegado de celebrar la vigilia, he cenado un par de perritos calientes. Sin embargo, en Navidad nos arreglamos para cenar, sacamos el mantel bueno y la vajilla buena, preparamos una cena lujosa... ¿por qué no hacemos una fiesta comparable? ¡Que corra el vino! Y que sea del bueno. Y la cena, suntuosa. Yo me pido un buen chuletón de ternera de dos dedos de grosor, en su punto, rosado, jugoso, que se agua en la bocaaghghhgh...
- La alegría es algo que se lleva por dentro.
Pero no me seas cateto. No se enciende una lámpara para esconderla, sino para ponerla en medio de la habitación y que alumbre. Hoy la liturgia hace un rito que me encanta, el de las luces. Se enciende el Cirio Pascual (¡ha resucitado!), y el pueblo va encendiendo sus velitas de la llama del cirio, y se la van comunicando unos a otros. En unos instantes, el fuego se ha propagado por toda la iglesia. En Tierra Santa, nada más encender el cirio, los fieles se vuelven locos, encienden su llama y salen corriendo a propagarla.
Este lunes, cuando volvamos cada uno a la normalidad, ¡salgamos también corriendo a pegarle fuego al mundo! ¡Que sean nuestros corazones antorchas vivas que propagen la luz del Resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya!
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